Cada aceite cuenta una historia. La de ALMADORADA hunde sus raíces en la tierra que nos da origen, en el clima que acompaña el crecimiento de los olivares y en las personas que, generación tras generación, han preservado la cultura de nuestra tierra. Para comprender verdaderamente su origen, hay que empezar aquí: en Extremadura.
Una región que no busca sorprender con artificios, sino que conquista por su autenticidad y profundidad; una tierra que se descubre poco a poco y que sigue conservando una relación sincera con la naturaleza, el paso del tiempo y las tradiciones.
Una de las regiones más auténticas de España
En el suroeste de España, junto a la frontera con Portugal, se extiende Extremadura: una tierra de espacios abiertos, silencio y horizontes que parecen no tener fin.
Aquí el paisaje alterna colinas, llanuras, bosques y campos de cultivo, creando un mosaico natural que ha conservado su equilibrio a lo largo de los siglos. Una región alejada del ritmo frenético y de las rutas turísticas más concurridas.
La naturaleza sigue marcando el paso del tiempo y el sucederse de las estaciones, mientras las tradiciones, la cultura y la vida rural conviven en un equilibrio que aún hoy define la identidad de este territorio.
Es precisamente esa armonía la que convierte a Extremadura en una de las expresiones más auténticas de España.
La dehesa: el paisaje que define un territorio
Entre los elementos más característicos de Extremadura se encuentra la dehesa, un ecosistema único en el mundo. Se trata de un paisaje formado por pastizales, encinas y alcornoques que conviven en un equilibrio forjado a lo largo de los siglos entre la actividad humana y la naturaleza.
En este entorno conviven la ganadería tradicional, los cultivos y una extraordinaria biodiversidad que contribuye a definir el carácter agrícola de la región.
La dehesa no es solo un paisaje natural: es una forma de vivir y de entender la relación con el territorio, basada en el equilibrio, el respeto por los recursos y la capacidad de preservar su valor a lo largo del tiempo.
Un equilibrio que aún hoy representa una de las claves para comprender la identidad y el carácter más auténtico de Extremadura.
Una naturaleza que marca el ritmo y una cultura construida a lo largo de los siglos
Extremadura alberga más de cincuenta espacios naturales protegidos y algunos de los espacios naturales más representativos de la Península Ibérica.
El Parque Nacional de Monfragüe, reconocido por su extraordinaria población de aves rapaces y otras especies emblemáticas, es uno de los mejores ejemplos de esta riqueza natural. Aquí la naturaleza no es un elemento decorativo, sino una presencia real que influye en la vida cotidiana, la agricultura y la producción de alimentos.
Las estaciones marcan el trabajo en el campo y el tiempo sigue el ritmo de la naturaleza.
La identidad de este territorio no surge únicamente de su paisaje, sino también de una cultura que se ha desarrollado con el paso de los siglos. Extremadura es el resultado del encuentro de diferentes civilizaciones: romanos, árabes, cristianos y judíos dejaron una huella profunda que aún hoy se refleja en la arquitectura, las tradiciones y la gastronomía.
Ciudades como Mérida, con su extraordinario legado romano, o Cáceres, cuyo casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986, narran una historia larga y compleja que sigue viva en la actualidad.
La herencia más auténtica de Extremadura se encuentra, sobre todo, en los gestos cotidianos: en las recetas transmitidas de generación en generación, en los productos de la tierra y en el cuidado con el que se seleccionan las materias primas.
Una gastronomía hecha de elementos esenciales
La cocina extremeña es esencial y generosa al mismo tiempo. No busca la complejidad, sino que pone en valor ingredientes extraordinarios a través de preparaciones que respetan su pureza.
De esta tierra proceden algunas de las expresiones gastronómicas más apreciadas de España: el Jamón Ibérico, la célebre Torta del Casar, el Pimentón de la Vera, las cerezas del Valle del Jerte y los vinos de la Ribera del Guadiana.
La esencia de Extremadura en cada gota
Con cerca de 300.000 hectáreas dedicadas al olivar, Extremadura es una de las principales regiones olivareras de España. Pero es más allá de las cifras donde se descubre la verdadera esencia de esta tierra: en la extraordinaria diversidad de sus paisajes, la riqueza de sus suelos, sus variedades autóctonas y una tradición profundamente arraigada, construida a lo largo de los siglos.
Es en la provincia de Cáceres, entre colinas y olivares que siguen el perfil natural del terreno, donde crece la Manzanilla Cacereña, una variedad histórica capaz de expresar con autenticidad el carácter de la región. Cada cosecha nace de la unión entre las condiciones naturales de este territorio y el conocimiento transmitido de generación en generación.
El aceite de oliva virgen extra es una de las expresiones más auténticas a través de las cuales Extremadura se cuenta a sí misma. En cada gota se reflejan el paisaje, las estaciones y la cultura de una tierra que, con el paso del tiempo, ha mantenido una profunda relación con la naturaleza.
De aquí nace ALMADORADA: del deseo de preservar y compartir este legado a través de un aceite que expresa la esencia de su tierra de origen.